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9 Junio, 2021 | Publicado por LABORAL Kutxa

La motivación es una de las cualidades más poderosas que existen, especialmente en el ámbito profesional. Hace que una persona sea capaz de superar sus propias limitaciones y alcanzar metas que a priori resultan muy difíciles de conseguir. Esta cualidad es sinónimo de eficiencia y de productividad pero, al mismo tiempo, es uno de los principales retos a los que se enfrentan las empresas, especialmente en un mundo globalizado en el que existe cada vez más movilidad laboral y muchas organizaciones tienen problemas para retener el talento.

Hay diversos factores que contribuyen a estimular la motivación profesional. Aunque en muchas ocasiones se da por supuesto que el sueldo es el más importante, existen otras razones básicas que contribuyen a mantener esa motivación, algunas de ellas muy subjetivas, entre las que se encuentran:

  • La satisfacción con el trabajo que se realiza. Cuando una persona ocupa el puesto de trabajo que mejor se adapta a sus características, y realiza la labor que le gusta y para la que se ha preparado, es más probable que se sienta realizada y mantenga viva su motivación profesional.
  • Las oportunidades de promoción. La posibilidad de crecer dentro de una empresa es otro factor importante que ayuda a trabajar con motivación.
  • La confianza y la flexibilidad laboral. La confianza personal, traducida en margen de maniobra y en flexibilidad laboral, contribuye a que las personas aumenten su implicación con la empresa y favorece el rendimiento.

Nuevas técnicas de motivación profesional

Sin embargo, la creciente sofisticación de las estructuras laborales, el impacto de la digitalización y las cada vez mayores necesidades de formación continua han obligado a las empresas a utilizar técnicas de motivación profesional más innovadoras:

  1. La participación es la clave. Las decisiones adoptadas y comunicadas a la plantilla de forma unilateral y unidireccional son cosa del pasado: no solo trasladan una sensación de ninguneo, sino que contribuyen a que se vea a la empresa como algo ajeno a los intereses de sus integrantes. Las organizaciones deben esforzarse para intentar consensuar muchas de sus decisiones a través de la implicación de sus plantillas. Talleres, reuniones o cualquier otra dinámica participativa ayudan a que las personas consideren su trabajo como algo inherente a sus vidas. Solo hay que pensar en la cantidad de tiempo, esfuerzo y energía diarias que absorbe el trabajo. Las personas que aportan ese plus de implicación aspiran a verlo compensado con reconocimiento y respeto, y por eso las empresas no deben defraudarlas. La apuesta y el fomento de esta participación es toda una inversión en motivación que tiene un retorno inmediato en forma de productividad.
  2. Los premios y el reconocimiento como palancas motivacionales. Pocas cosas son más gratificantes para una persona que obtener un reconocimiento explícito por el trabajo que desempeña. Las recompensas o el otorgamiento de premios como reconocimiento a una labor profesional es una práctica muy utilizada por las empresas. Y muy efectiva como mecanismo de motivación profesional. Estos premios pueden ser viajes, actividades lúdicas o regalos, pero también pueden activar los mecanismos de promoción profesional.
  3. Gamificación, o cómo trabajar jugando. La gamificación es una tendencia cada vez más presente en los diferentes procesos de formación, recursos humanos y, sobre todo, de motivación de las plantillas. Se trata de una técnica auspiciada por la digitalización que consiste en aplicar mecánicas de juego a diversas actividades de la empresa. Estas herramientas son fundamentales para fortalecer las relaciones entre los diferentes integrantes de un mismo equipo de trabajo pero al mismo tiempo fomentan la competitividad a la hora de superar retos. Además, estas herramientas facilitan la integración de nuevos miembros de la plantilla más jóvenes y son grandes aliadas de los planes de formación interna.
  4. Cuidar a las personas a través de la formación. “Si usted cree que la formación es cara, pruebe con la ignorancia”. Esta frase del ex rector de Harvard, Derek Bok, muestra de manera gráfica la importancia que tienen la educación y la formación en cualquier ámbito. Invertir en formación es invertir en talento, y este es uno de los mayores activos que puede ofrecer una persona. La labor formativa resulta especialmente importante en el sector tecnológico: los continuos avances que se registran en este ámbito casi a diario, provocan que muchos conceptos queden superados cada poco tiempo por nuevos descubrimientos o técnicas que exigen nuevos requisitos formativos. Esta labor de formación ofrece retornos incuestionables a la empresa en forma de capacitación profesional, innovación, productividad y, sobre todo, motivación profesional. Dentro de este apartado ha cobrado auge una modalidad denominada “snack learning”, un método formativo que ofrece contenidos más segmentados que se pueden adquirir de forma remota a través de las nuevas herramientas digitales.

Estas técnicas, combinadas con buenas dosis de empatía y proximidad personal, son herramientas muy útiles para activar los mecanismos de motivación profesional en una empresa.

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